"Todos moriremos. El objetivo de la vida no es vivir para siempre sino crear algo que sí lo haga."

EL ENCANTO DE LOS JAPONESES

"He aquí un pueblo imaginativo, practico y cortes , para el cual la vida consiste en una serie de aventuras en el mundo de la perfección sensible"

Padro verde con un puente en él.

Japón es como una rama pequeña del árbol de la civilización occidental que tiene hubiera arraigado en oriente. Los habitantes del país gustan atenerse a los hechos y no buscan perderse en especulaciones fantásticas. Quizá pueda decirse que imitan a otros pueblos, pero eso es inevitable puesto que hace solamente un siglo que abandonaron el tradicional aislacionismo que los separaba de las demás acciones, en ciertos aspectos han avanzado incluso mas que el occidente, y en otros quizá han sabido quedarse atrás prudentemente; pero lo cierto es que podemos aprender de ellos muchas cosas importantes.

Por ejemplo, es la afición que tienen los japoneses, como los niños, a contemplar todo lo que les rodea, y otra es su capacidad indudablemente mayor que la nuestra, para conmoverse ante la belleza. Su pasión por las flores se traduce en concursos de arreglos florales, en los que se ofrecen premios a las combinaciones mas artísticas de ramas y flores. Y esto constituye un verdadero deporte nacional. En Japón nos sorprende con sus ramitos de flores colocados en artísticos floreros sabiamente dispuestos sobre el mostrador de una oficina de telégrafos, en la sala de espera de una estación de ferrocarril, o incluso en lugares públicos dedicados a satisfacer necesidades poco poéticas. El arte de hacer la vida mas hermosa parece una especie de conspiración, en la que los conspiradores nos dejasen modestos recuerdos aquí y allá, para que no olvidemos que también nosotros estamos complicados en ello.


Un jardín con diversas flores de todo color.

Jardín rodeando un lago que tiene como puente uno rojo.

Árboles que florecen solo una vez al año.




Las puestas de sol y las noches de luna son tan importantes para ellos y quedan para diseñar casas con alas enteras y con ventanas especiales para contemplar mejor esos maravillosos fenómenos naturales. Su amor por la poesía es también muy grande. No es raro que, en los casos en que nosotros sellamos una tarjeta o enviamos un telegrama con unas breves palabras, los japoneses utilicen breves poemas verdaderas metáforas rítmicas, a los que llaman haiku, según sea su forma. Los japoneses no se deleitan solamente con aquello que regala a la vista o al oído. En ciertos restaurantes especiales se sirven bistec al que, según nos informa la carta, "se ha dado masaje para lograr una distribución uniforme de la grasa, y se han suministrado dos botellas de cerveza por día y por cabeza, "para que disfrute de la vida, cosa que mejora considerablemente el sabor de la carne". En los restaurantes especializados en servir tempura, o sea langostinos y camarones fritos, resulta sorprendente ver que, al terminar con los mariscos todo el mundo abandona su mesa y pasa a otro lugar para tomar el postre, porque a los japonés les parece imperdonable mezclar el fuerte olor del aceite frito, con el muy diferente sabor del refinado plato que da fin a la comida. Dicho en pocas palabras: todo los sentidos participan en estas aventuras epicúreas, que tanto se descuidan en otros lugares.

Los japoneses son también limpios en un grado superlativo hasta el punto de ser quizá el pueblo mas aseado del planeta. Su pequeño país insular esta lleno de abruptas montañas surcadas por borbodeantes arroyos que los han convertido en consumados bañistas desde que entraron en la historia, en el siglo V de nuestra era. Sus cuartos de baño están revestidos de azulejos y tienen el suelo en declive hacia el centro donde se encuentra el desagüe, al lavarse, tienen por costumbre frotarse y enjuagarse antes de empezar en la bañera y no después. El pueblo japonés despliega una cortesía total y casi religiosa en sus relaciones sociales, para ello, la inclinación profunda, fría pero a la vez cordial es superior a nuestro apretón de manos, es cierto que tienen "empujadores" encargados de hacer entrar a "empellones" a la gente en el congestionado ferrocarril subterráneo de Tokio, pero esos empujadores usan guantes blancos, para no manchar los vestidos de los empujados.

La cortesía tiene profundas raíces en el idioma. Por ejemplo, se usan palabras distintas "y más honoríficas" para referirse al padre, a la madre, a los hermanos y a los demás parientes de otra persona, que las utilizadas para designar los propios. A los botones de los hoteles no se les llama botones, sino boi'san (señor botones), lo que es mucho más cortes que llamarle "muchacho", "chico", "botones", o buscar angustiadamente la palabra precisa. Además, en japonés no existen palabras malsonantes ni tampoco maldiciosas, como las que se emplean en otros idiomas, para insultar al prójimo; palabras de, a veces aluden a su madre y que en ciertos pueblos como el español se llegan a dirigir contra las esferas celestiales.

En el extremo oriente es obligatorio descalzarse para entrar en templos y santuarios, pero en el Japón, además es preciso quitarse los zapatos antes de entrar a una casa.
El hogar se considera como un templo y se cuida como si fuera una obra de arte. Sin embargo, el interior de las casas japonesas es una sencillez inimaginable; todo el piso esta cubierta por una alfombra blanda y acariciadora el tatami, sobre la cual se encuentra una mesa baja a la que hay que 'sentarse' colocándose en el suelo con las piernas cruzadas. En un lugar preferente hay un espacio dedicado a las flores artísticamente dispuestas; espacio que esta consagrado a la belleza y no puede dedicarse a ningún otro. Los japoneses no necesitan camas, puesto que duermen en el suelo sobre una gruesa esterilla acolchada que se arrollan y se guardan al llegar la mañana. En la generalidad de las casas japonesas conserva esta sencillez clásico, tanto en el hogar del pobre como en el del rico. 

Una pequeña mesa en la mitad de la sala.

En mis viajes jamás he visto que hubiera un mueble destinado a revelar la riqueza de su dueño. El mas preciado regalo en Japón es la palabra shibui, que significa belleza sutil y no ostentosa. Este habito de sobria delicadeza culmina en la "ceremonia del te", espectáculo que no tiene par en ningún lugar de la tierra. La ceremonia, en líneas generales consiste solamente en preparar y beber, con un ritual estilizado y minucioso una taza de te. Pero en la practica resulta el cultivo, durante una o dos horas, en un estado espiritual de veneración por la experiencia serena de la vida. La costumbre se inicio hace varios siglos y aun se conserva, en antiguas casas de te que siguen siendo frecuentadas en el Japón moderno. En una de las varias que vi, solo se podía entrar por una ventanilla cuadrada. Me explicaron que esto tenia por objetivo obligar a los guerreros a despojarse de las espadas, ya que la ceremonia se inicio durante una época de violentas guerras civiles. El gran interés por las experiencias sensoriales no se limita a una clase ociosa, ya que en Japón casi nadie puede permitirse el hecho de estar ocioso.  Las aglomeradas chozas de los pobres están tan limpias como el palacio real, y muestran siempre alguna florecilla otro adorno capaz de atraer fuertemente a toda persona de "gusto y sensibilidad".

Se suele decir que a causa de su afición a la curvas de gracioso trazado, y quizá también a su intenso cultivo de la cortesía, los japoneses no piensas de manera muy lógica.
Esta opinión se refleja incluso en un reciente libro acerca del Japón, titulado cabeza de kimono, en el cual se dice que el japonés descubre la verdad "mediante una especie de convulsión mental que depende del funcionamiento de una imaginación viva y pintoresca". Al subir a un tren que me llevaría de Tokio a Kioto (unos 500 kilómetros), tenia este libro en la mano antes de la salida me hallaba hablando con un amigo que estaba en el anden. De pronto, en medio de la conversación, observe que  repentinamente  levantaba los brazos y empezaba a decirme adiós, para gran sorpresa mía ya que yo no podía comprender a que se debía tales gestos. Hasta unos segundos mas tardes no me di cuenta de que ya había arrancado el tren. Ni una sola fibra de mi organismo me advirtió de que nos habíamos puesto en marcha. Y este verdadero milagro de suavidad y "quietud" se siguió produciendo durante todo el viaje, hasta llegar a Kioto a pesar de que el tren iba a 200 km-h. ¿Es acaso posible lograr tan milagrosa hazaña de ingeniería sin poseer mas que una imaginación viva y pintoresca?

Mi impresión es que los japoneses se entregan con mas entusiasmo a pensar en hechos concretos que a fomentar sus emociones. En general, comprenden las situaciones antes de que la mayoría de los demás pueblos, y actúan, en función de ellas, con mayor rapidez. Esto explicaría su capacidad extraordinaria para aceptar la derrota en la segunda guerra mundial y para construir un nuevo modo de vida en una atmósfera de amistad con su victorioso enemigo, también en 1868, cuando comenzaron el increíble salto que habían de llevarlos, en 50 años, desde su aislamiento semi-bárbaro a la plena participación en la civilización industrial del occidente, pusieron de relieve la misma capacidad para comprender una nueva situación, cuando los japoneses muestran tendencias místicas es al referirse al sagrado Fujiyama, o monte Fuji, que se alza 4000 metros sobre el nivel del mar. En ninguna de las principales religiones del Japón existe el concepto de un Dios todopoderoso, ya se trate del budismo, que en el siglo V penetro por Corea en el Japón, o del culto sintoísta, nacido en el país en el que se venera al sol y a las fuerzas de la naturaleza. Por eso toda su capacidad de adoración puede concentrarse en el monte Fuji al que acuden tantos peregrinos como musulmanes a La Meca.

En realidad, las peregrinaciones, a todas partes y en todo momento , constituyen una característica de la vida japonesa. El país entero esta lleno de gente entusiasta 'sobre todo muchacho' que va de un lado para otro para ver cosas, bien sea una pagoda famosa, una estatua de buda, un antiguo santuario con su jardín de maravilloso trazado, o quizá solamente un jardín, ya que la jardinería es un arte que tiene en el Japón tantos aficionados como la música o la pintura. Todas las escuelas, tanto de muchachos como de muchachas, todo los círculos de estudios, o asociaciones profesionales, o centros de costura, por pequeños que sean dejan de vez en cuando todo aquello que tengan pendientes , sin pensarlo mas, hacen sus atadijos y marchan a algún lugar. Por lo común el medio de transporte es el autobús. Al llegar a su destino, los viajeros colocan sus bultos a lo largo de la acera, en vistosa y alegre formación multicolor. Una vez pregunte a un mirón si había peligro de que se lo robasen, me contesto con gran sencillez "eso no sucede nunca".



Estimo que el hurto seria como el robo hecho a una persona entregada a la oración. Ya que el turismo es parte del sagrado deber de vivir, y hace hasta cierto punto las veces de la oración en ese país nada teológico. Creo, como resumen de todo cuanto he dicho, que me encantan los japoneses precisamente por ser tan vivaces y por manifestar de tan diversas formas su amor a la vida.

Max Eastman.

Nota: Un agradecimiento especial a la colaboración de "bunny girl" en la edición de esta entrada.
Todos los créditos son para el autor original del artículo, este blog tiene solamente por objetivo la de hacer conocer dicha obra, con la finalidad de motivar el amor por la vida e incentivar los buenos hábitos.