"Todos moriremos. El objetivo de la vida no es vivir para siempre sino crear algo que sí lo haga."

El amarillo en el país de la pobre cultura educativa.

[OPINIÓN]

Hey amigo, ¿Recuerdas que me preguntaste sobre el nombre del libro que vendría en el examen? Pues es el primer capi... 
-¿Tan temprano y ya estudiando? Amarillo.  

Recuerdo haber oído esa conversación una tarde en la sala de estudio en mi escuela, luego de ver el rostro decepcionado del emisor me dediqué a escribir algo sobre esto. 

Primero, definamos "amarillo". Al buscar en las sapientes aguas de la web o en el diccionario, no pude encontrar una definición del mismo en el contexto académico. Por lo que me di la libertad de definirlo:  




Amarillo/a.  
  1. adj./ s  Que gusta estudiar anticipadamente temas y/o materias con la finalidad de aprender. 

(Pueda que ustedes tengan su propia definición del mismo, pero en esta columna se usará este). 

Algunos confunden el término "amarillo" con "lamec@#&$" o "sobones".  

sobón, a 
  
  1. adj./ s. Que toca o acaricia de manera excesiva y molesta a una persona o cosa. Sin. magreador  

  1. Que evita trabajar. Sin. holgazán 

Como pueden notar, los conceptos distan mucho de ser sinónimos. En mi contexto, se califica de amarillo -a modo de broma o no- a todo aquel que estudie. Asi es, el calificativo engloba a todos aquellos que opten por hacer lo que justamente se viene a hacer en la universidad, estudiar.  

Pero es que, profundizando un poco mas. Este "pequeño" calificativo que se dice libremente sin reparo alguno, denota un problema mas profundo en nuestro país: La falta de cultura de estudio serio en muchos universitarios -y me atrevería a decir, en el sistema educativo nacional-. Y con "cultura de estudio serio" me refiero a todos los hábitos de estudio con la finalidad de aprender alguna materia bien. Y es que, una cosa es pasar un curso con nota once, y contentos muchos y otra aprobar sabiendo, entendiendo la materia en sí. Conocimientos que luego -de algún modo u otro-  servirán para ejercer la profesión y aunque así no fuera -porque es verdad que mucho de los conocimientos adquiridos en la universidad nunca son aplicados en la realidad- mucha de esa teoría hará de base a la hora de hacer una investigación o algún proyecto para programas como CONCYTEC -por ejemplo-.  Y es que, el querer entender algo, significa querer hacer las cosas bien. Y personas que quieran hacer las cosas bien es lo que nuestro país necesita. 

 

Vamos, no quiero ser exagerado y calificar de egoísta el comentario del segundo muchacho pues pienso que lo hizo de joda. Y es que... Vamos, ¿Que mal podría hacer decirle a alguno amarillo? ¿No?  
Pero y si... ¿Esa bromilla pudo tener un resultado desalentador en el primero?  

No es novedad que nuestro país padece de sistema educativo sólido, eso todos los sabemos pero también padece de buenos estudiantes. Entonces, si lo que falta son buenos estudiantes, ¿Por qué empeñarnos en desanimarlos? 

Particularmente -y aprovechando que esta columna es una opinión- pienso que se hace un daño colateral y progresivo al estudiante al que califican de amarillo, pues es un tipo de Bullying indirecto. Una forma de "denigramiento" de las ganas de superarse del mismo. Lejos de motivar la buena -y necesaria- costumbre de estudiar para entender, la disminuyen. Y esto viene desde abajo, desde antes. Cuando en el cole, levantaba la mano el mismo muchacho para responder alguna pregunta académica que hubiera lanzado el profesor, y alguno o algunos renegaban con él. ¿Por qué? Por atreverse a levantar la mano y responder, por aprender. Al final es solo una forma de lanzar una piedra a aquel que ve un escaño mas arriba y que sabe que nunca alcanzará.  

Esta bien. Quizá esté exagerando, quizá eso no pase, a lo mejor el chico/a tiene bien afianzada su carácter y no le afecte, pueda que hasta lo tome en broma. Pero, eso no tapa el enorme sol que es la baja cultura educativa nacional, sobre todo en los estudiantes. Pienso que el color que pinta el desarrollo del país, es el amarillo -entíendase sin ninguna referencia política a algún partido-, pues muchos de estos seguramente estarán a la vanguardia del desarrollo del país en los años venideros, así como los fueron y son los que antes llamaban "amarillos". Hay mucho que cambiar y es algo que debe comenzar conmigo, por supuesto. 

Daniel Isaac

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Thrive La farsa del sistema bancario

Carta de un amigo: No busques una pasión, crea una.



Hola Daniel

Aquel sábado éramos 6 personas en total.

Mi amigo, la amiga de mi amigo, tres amigas de ella y yo. Estábamos en un bar y todos bailaban en su propio lugar.

Mi amigo conversaba con dos de las chicas presentes y yo, por alguna extraña razón, no estaba disfrutando la noche.

Usualmente se me hace muy fácil entablar conversación con nuevas personas, sean hombres o mujeres de cualquier edad.

Puedo llevar muy bien una reunión familiar, una junta directiva, un congreso, un viaje entre amigos o una noche en el bar.

Sin embargo, esta noche era diferente.

Me gustaría decir que era la alergia que tenía lo que no permitía que la pasara bien, pero eso sería mentirme a mí mismo.

¿Qué era realmente aquello que evitaba que me divirtiera? ¿Por qué es que no me sentía cómodo? ¿Por qué, por un momento, prefería estar en mi casa que en el bar?

La respuesta hizo que sacara mi IPhone, abriera la aplicación de notas y escribiera lo siguiente:

"Cuando no sabes cómo hacer algo, tu cerebro te convencerá que no vale la pena hacerlo"

Las chicas del bar estaban conversando entre ellas y bailaban las unas con las otras lo que hacía casi imposible que alguien que no supiera bailar conectara con ellas y entablara una buena conversación.

¿Cómo puedo unirme a su celebración sin saber bailar? ¿Cómo llamar su atención si están tan entretenidas conversando entre ellas?

Aparentemente para mi amigo no era nada difícil, pero para mi en ese entonces sí.

Entonces prefería pensar: “estoy cansado”, “no creo que me lleve bien con ellas”, “ya es tarde y mañana tengo que trabajar temprano”, “¿para qué conocer mas gente?”

… “no vale la pena”.

“Mejor me voy a descansar”, “mejor hubiera ido a otro lugar”, “mejor aprovecho mi tiempo trabajando”.

La verdad es que era un buen lugar, tenía buena compañía y era el momento adecuado. El problema era que no sabía cómo bailar, no sabia cómo conectar con el grupo.

Este “no saber” convencía a mi mente que no valía la pena siquiera hacer el esfuerzo.

¿Sabes lo que esto implica para mí y para ti?

Si aún no has reconocido la lección en esta historia piensa en esto:

Mientras más difícil se nos hace algo, menos lo disfrutamos y, mientras menos lo disfrutamos, menos querremos hacerlo (y por ende no conseguiremos el resultado).

O, puesto de otra manera:

Nos querremos alejar de las cosas, situaciones, objetivos o actividades que no sepamos cómo realizar… aún cuando sean necesarias o importantes para nosotros.

De cierta forma esto es… peligroso.

Pregúntate esto:

¿Cuántas oportunidades en tu vida has podido desaprovechar porque no eras bueno(a) en ellas y has utilizado la excusa de que “no valía la pena” o “no las disfrutabas” o “eso no es era para ti”?

¿Cuántos proyectos has dejado de lado porque “ya no te apasionan”?

¿Y qué si aún te apasionaban pero el “no saber qué hacer”, la falta de capacidad o el “sentirte estancado” eliminaba tu deseo por ellos?

¿Qué tal si cuando dices “no me gusta” lo que realmente estás diciendo es “no sé cómo hacerlo”?

¿Te atreverías a aceptar que tú, al igual que yo, no lo sabemos todo?

Cuánto mas podrías lograr y disfrutar si lo hicieras y en lugar de alejarte de aquello que no sabes te detuvieras a pensar:

“¿Cómo puedo ser más capaz? ¿cómo puedo mejorar para pasar de no saber a saber y de no poder a poder?”

Tal vez la pasión no se encuentra, se crea.

Tal vez la pasión sea producto de ser extramedamente bueno en lo que haces.

Tal vez las personas no encuentran su pasión porque cuando algo les parece difícil desisten creyendo que “no les apasiona”, perdiendo así la oportunidad de mejorar, crecer, progresar.

Tal vez si reconocieras esto y en lugar de correrte de los proyectos, objetivos y actividades que te ponen incómoda(o), que te exigen, que te obligan a saber mas, que te exponen al “peligro” del fracaso, que rosa las líneas de lo desconocido y que requiere de más de lo que hoy eres…

Tal vez los aceptarías, buscarías formas de superar esas barreras, solucionar esos problemas y entonces encontrarías esa pasión en lo que haces y disfrutarías más de tu vida en estos momentos en lugar de perseguir un sueño que nunca llega.

Tal vez entonces aceptarías mas oportunidades y te quedarías hasta que pudieras realmente aprovecharlas y no desistieras a la mitad del camino porque “ya no te gustan”.

Aceptarías entonces que aún te importa ese proyecto, esa meta, esa situación, esa actividad es solo que, por el momento no sabes cómo hacerla bien.

Y sería esa aceptación la que te permitiría crecer como persona y como profesional. Y sería esa misma aceptación la que te permitirá conseguir lo que realmente importa en tu vida porque desistir no es una opción.


Luego de unos minutos guardé el celular y pensé:

“Sí quiero disfrutar esta noche, sí quiero quedarme hasta tarde, sí quiero conocer a estas personas.”

Y entonces me di cuenta que aunque no fuera un experto bailando, podía intentarlo, podía sonreír, y podía encontrar el momento adecuado para empezar una conversación con alguna pregunta interesante.

Y así lo hice.

No te diré que fue la noche más divertida de mi vida, pero la pasé muy bien.

Me reí, baile, conversé, hice nuevos amigos y, lo más importante, pude aprende la lección que hoy comparto contigo:

Cuando creas que algo no te interesa, ya dejó de “apasionarte” o “no es para ti” pregúntate:

“Si supiera cómo hacerlo y fuera un experto en esto, ¿disfrutaría de hacerlo, tenerlo o conseguirlo?”

Si la respuesta honesta es “no”, perfecto… desiste.

Pero si la respuesta es “sí”, entonces enfócate en ser mejor en lugar de alejarte de ello solo porque “no lo disfrutas”.

Implementa este concepto en tu vida y descubrirás cosas sobre ti que no conocías y podrás aprovechar aquellas oportunidades que antes dejabas de lado.

Un abrazo.

Nelson.

Artículo original en: http://nelsonportugal.com/

Servir a la humanidad es la mejor obra de una vida

¿Es posible hacerse rico dando? Voluntarios de aquí y de allá nos comparten sus reflexiones acerca de una pregunta: ¿En qué manera el voluntariado te enriqueció cómo persona, qué te enseñó?
Cada una de sus experiencias les tocaron en una forma especial. Les pedimos que nos las compartan para que más sean los que se animen a ‘enriquecer’ y a ‘enriquecerse’.
El voluntariado marco un antes y un después en mi vida y soy un incansable promotor de este estilo de vida. Todos nacimos para cumplir un destino particular y dejar una huella.
Cuando era muy chico, mis padres fundaron una ONG en mi casa para ayudar de diversas formas a la gente de la villa, hoy un barrio aún humilde y no muy bien visto. La verdad es que colabaraba pero nunca me había involucrado demasiado, era algo de ellos.
Al inicio de la secundaria empecé a participar como misionero y catequista; ya más adolescente participe en una intervención social con un par de compañeros de la secundaria que me invitaron para ayudar a un barrio marginal de la ciudad. Por esos entonces comenzaba a participar en el centro de estudiantes y comenzaron a despertarse varios intereses desconocidos para mí, a leer más, a capacitarme, agruparme, idear actividades y proyectos. Finalizada la secundaria comencé de inmediato a trabajar y arranque mi actual carrera, pero en los primeros meses de facultad, me diagnosticaron cáncer y todo cambio.
No puedo decir que haya sido un proceso fácil, pero en ese año aprendí muchas cosas, aprendí de mí mismo, empecé a escuchar y a ver de otra manera. Retomar la rutina no fue fácil, pero enseguida comencé con mis ideas voladas, proyectando nuevos emprendimientos, soñando con ir al primer mundo para participar de un programa empresarial. Y aprendí también que las cosas no siempre se dan como esperamos, que los grandes nos subestiman más que nosotros mismos y pensé que quizás debía volver a lo mismo. Un día alguien que me dio varias oportunidades me dijo que en la provincia vecina había un grupo de chicos con ideas locas como las mías y como siempre fui curioso decidí leer y me gusto.
Juan Escobar
Juan Escobar
Poco a poco fui conociendo JCI (Junior Chamber International), me vi rodeado de jóvenes con quienes compartía más que solo ganas o entusiasmo, compartía ideales, valores, ganas de hacer. Comprendí que nadie más que uno se hace de los caminos, abre puertas y encuentra oportunidades, y que junto a otros, esto se potenciaba. Quería ser un agente de cambios positivos y ser aunque más no sea, un eslabón para ayudar otros jóvenes a conseguir oportunidades de desarrollo que les permita ser actores fundamentales del presente, ser protagonistas de cambios.
Cambios para adentro y para afuera. Por un lado, tuve la posibilidad de conocer amigos, de viajar, de profesionalizarme, de crear redes de contactos, de capacitarme, de desarrollar mis potenciales, de ocupar cargos, de descubrir más y nuevas cosas, dejando de lado varias cosas sobre todo el papel de expectante desde el sillón de la casa, pero fundamentalmente aprendiendo en el hacer y siendo consecuente con lo que pensaba, con lo que creía, con valores y principios fundamentales.
Poco a poco fui buscando la forma de saciar ese hambre por hacer, por sumar mi granito de arena. Conocí y en diferentes oportunidades me sume a varias organizaciones como Rotaract;  Chaqueños hasta la médulaTechoAiesecRed Ser Fiscal y TEDx.
¿Por qué yo? ¿Qué puedo hacer yo? ¿Qué estoy haciendo? Muchos me cuestionaron el por qué, por qué gasto tiempo, esfuerzo, dinero si nadie me paga. A veces no entienden que obtenemos riquezas invaluables que resguardamos en nuestro interior y nos hace ser mejores, mejores ciudadanos, mejores estudiantes, padres, hijos, trabajadores, mejores personas. 
Mediante el voluntariado, podemos encontrar el poder de transformar nuestras pasiones en acciones, y trascender de nosotros mismos para unir sonrisas, esfuerzos, compromiso, entusiasmo, desafíos, problemas y soluciones con quienes entienden que quizás nuestras acciones por más pequeñas cuentan, y aunque grandes y significativas muchas veces no van a implicar que veamos resultados palpables hoy, pero que seguramente tendrán un impacto mayor en el futuro.
Y así como debemos ponernos de pie por todo lo correcto también debemos ir contra de aquello que necesita cambiar. Todo intento vale, creo que tenemos la responsabilidad social individual de involucrarnos. Saber que algo está mal, saber que podemos hacer algo para ayudar a cambiar eso y no hacerlo, nos convierte en cómplices de los responsables directos.
No dejemos de cuestionarnos cómo cada uno podemos marcar la diferencia, empezando por hacernos cargo de la hora y el momento que nos tocó vivir, dejando de lado la creencia de que por ser jóvenes merecemos algún trato preferencial; pero sí nos debemos el poder de ciudadanos libres para liderar. Espero que cada vez seamos más los que traduzcamos nuestras voluntades en acciones  y nos atrevamos a actuar. Súmense y corran la voz, “servir a la humanidad es la mejor obra de una vida”. 
 Fuente: Idealistas.org

La última libertad


[...
«No puede imaginar lo que me ha ocurrido»  —dijo—. «Trabajo como enfermera para el hombre más miserable e ingrato que pueda imaginarse. Nada de lo que haga es suficiente para él. Nunca lo aprecia, ni siquiera me lo reconoce. Constantemente me acosa y encuentra defectos en todo lo que hago. Por culpa de este hombre mi vida es desgraciada y a me nudo descargo mi frustración sobre mi familia. Las otras enfermeras sienten lo mismo. Casi rezamos para que lo echen.

Y usted tuvo el descaro de plantarse allí y decir que nada puede herirme, que nadie puede herirme sin mi consentimiento, y que yo elijo mi propia vida emocional de infelicidad... Bien, en modo alguno podía yo aceptar esa idea.

Pero seguí pensando sobre ello. Realicé una verdadera introspección, y empecé a preguntarme: ¿Tengo el poder de elegir mi respuesta?

Cuando por fin comprendí que  en realidad tengo ese poder, cuando me tragué esa amarga  píldora y comprendí que yo había elegido ser desgraciada, también comprendí que podía elegir no serlo.
»En ese momento me puse de pie. Me sentía como si me estuvieran dejando salir de San Quintín. Quería gritarle a todo el mundo: "¡Soy libre! ¡Salgo de la cárcel! ¡Nunca más voy a dejarme controlar por el trato que me dispense otra persona!".»

Lo que nos hiere o daña no es lo que nos sucede, sino nuestra respuesta a lo que nos sucede. Desde luego,  las cosas pueden dañarnos físicamente o perjudicarnos económicamente, y producirnos dolor por ello.

Pero nuestro carácter, nuestra identidad básica, en modo alguno tiene que quedar herida. De hecho, nuestras experiencias más difíciles se convierten en los crisoles donde se moldea nuestro carácter y se desarrollan las fuerzas internas, la libertad para abordar circunstancias difíciles en el futuro y para inspirar a otros la misma conducta.
...]

Fragmento del libro "7 hábitos de la gente altamente efectiva" de Steven Covey.

Léenos también en Tumblr: http://bit.ly/1LrhWwA

¡Entonces, dilo! [Historia por el dia del padre]


Una  noche,  tras  haber  terminado  uno  de  los  cientos  de  libros  para  padres  y madres  que  he  leído,  me  sentía  un  poco  culpable  porque  el  libro  describía algunas estrategias  de  conducta  que  yo  no  usaba  desde  hacía  tiempo.
La principal era hablar con tu hijo y, al hacerlo, usar ese par de palabras mágicas que  son  «Te quiero».

En  el  libro  se  insistía,  una  y otra  vez,  en  que  los  niños necesitan saber que sus padres los aman, inequívocae incondicionalmente.

Subí  entonces  al  dormitorio  de  mi  hijo  y  llamé  a  la puerta.  Mientras golpeaba, lo único que se podía oír era su batería.Seguro que estaba, pero no me  respondía.  Entonces  abrí  la  puerta  y  ahí  estaba, lo  encontré,  con  los auriculares  puestos,  escuchando  una  cinta  y  tocando la  batería.  Tras  haber conseguido  que  advirtiera  mi  presencia,  le  pregunté si  disponía  de  un momento.
—Claro que sí, papá —me dijo—. Para ti, siempre.
Nos  sentamos  y,  pasados  unos  quince  minutos  de  charla  insustancial  y vacilante, lo miré y le dije:
—Tim, realmente me encanta tu forma de tocar la batería.
—Oh, gracias, papá —respondió—. De veras te lo agradezco.

Me fui, diciéndole que ya nos veríamos y, mientras bajaba la escalera, me di cuenta de que había subido para darle un mensaje que finalmente no le había transmitido.  Sentía  que  era  realmente  importante  volver  arriba  y  tener  otra oportunidad de decirle ese par de palabras mágicas. Volví a subir las escaleras, llamé a Ja puerta y la abrí.

—¿Tienes un segundo, Tim?
—Claro, papá. Siempre tengo un segundo para ti. ¿Qué necesitas?
—Hijo,  la  primera  vez  que  subí  para  compartir  un  mensaje  contigo,  me salió  algo  muy  diferente,  que  en  realidad  no  era  lo que  te  quería  decir.  Tim, ¿recuerdas que tuve muchos problemas para enseñartea conducir? Te escribía tres palabras y te deslizaba el papel debajo de la almohada, con la esperanza de que aquello fuera una solución. He cumplido mi papel de padre y expresado el amor que siento por mi hijo.

—Finalmente, tras algunos rodeos y tonterías más, lo miré y le dije:
—Lo que quería que supieras es que te queremos. Me miró y me dijo:
—Oh, gracias, papá. ¿Te refieres a mamá y a ti?
—Sí, a los dos, pero es que no lo expresamos bastante.
—Gracias, esto significa mucho para mí. Sé que me queréis.

Me  di  la  vuelta  y  salí,  pero  mientras  bajaba  la  escalera  empecé  a  pensar: «Resulta  increíble...  Ya  he  subido  dos  veces...  sé  cuál  es  el  mensaje  y,  sin embargo, lo que le digo es otra cosa».

Decidí volver a subir inmediatamente para explicarle exactamente cómo me sentía. Quería que lo oyera directamente de mí, ¡y  no me importa que mida un metro ochenta! Volví a subir y llamé a la puerta:

—¡Espera un momento! ¡No me digas quién eres! ¿Es posible que seas tú, papá?
—¿Cómo lo sabes? —pregunté, y él me respondió:
—Porque te conozco desde que eres padre, papá.
—Hijo, ¿tienes un segundo? —le pregunté entonces.
—Tú sabes que sí, de modo que entra. Me imagino queno me dijiste lo que querías decirme.
—¿Cómo lo sabes? —me asombré.
—Te conozco desde que me ponías los pañales.
—Bueno,  pues  es  eso,  Tim,  lo  que  me  he  estado  guardando.  Sólo  quería expresarte lo especial que eres para nuestra familia. No se trata de lo que hagas, ni de lo que hayas hecho, como todas las cosas que haces con el grupo de niños
con los que trabajas en el centro. Es por lo que eres tú como persona. Te quiero y quería que supieras que te quiero, y no sé por qué me privo de decirte algo tan importante.

Me miró y me dijo:
—Vamos,  papá,  ya  sé  que  es  así,  y  realmente  es  muy  importante  oírtelo decir.  Te  agradezco  mucho  tus  palabras  y  la  intención  con  que  las  dices  —y mientras yo me iba ya hacia la puerta, me preguntó si todavía tenía un segundo.

Yo empecé a pensar «Oh, no. ¿Qué será lo que quiere decirme ahora?», pero le dije:
—Claro que sí. Tú sabes que siempre estoy dispuesto a oírte.
No sé de dónde sacan los chicos estas cosas... seguro que no puede ser de sus padres, pero me dijo:
—¿De qué se trata? —pregunté, y él me miró y dijo:
—¿Has estado yendo a algún grupo de reflexión o algo parecido?

Aunque lo que yo estaba pensando era: «Oh, Dios, como cualquier chico de dieciocho ya me ha alcanzado», admití:
—No, pero he estado leyendo un libro que decía lo importante que es que uno les diga a sus hijos lo que realmente siente por ellos.
—Te agradezco que lo hayas hecho. Ya tendremos tiempo de seguir con el tema.
Creo  que  lo  que  me  enseñó  Tim  esa  noche  es,  fundamentalmente,  que  la única manera que tienes de entender el verdadero significado y propósito del amor es estar dispuesto a pagar el precio. Tienes que animarte a salir ahí fuera y
a correr el riesgo de compartirlo.

>> Gene Bedley en"Sopa de pollo para el alma"