"Todos moriremos. El objetivo de la vida no es vivir para siempre sino crear algo que sí lo haga."

Carta de un amigo: No busques una pasión, crea una.



Hola Daniel

Aquel sábado éramos 6 personas en total.

Mi amigo, la amiga de mi amigo, tres amigas de ella y yo. Estábamos en un bar y todos bailaban en su propio lugar.

Mi amigo conversaba con dos de las chicas presentes y yo, por alguna extraña razón, no estaba disfrutando la noche.

Usualmente se me hace muy fácil entablar conversación con nuevas personas, sean hombres o mujeres de cualquier edad.

Puedo llevar muy bien una reunión familiar, una junta directiva, un congreso, un viaje entre amigos o una noche en el bar.

Sin embargo, esta noche era diferente.

Me gustaría decir que era la alergia que tenía lo que no permitía que la pasara bien, pero eso sería mentirme a mí mismo.

¿Qué era realmente aquello que evitaba que me divirtiera? ¿Por qué es que no me sentía cómodo? ¿Por qué, por un momento, prefería estar en mi casa que en el bar?

La respuesta hizo que sacara mi IPhone, abriera la aplicación de notas y escribiera lo siguiente:

"Cuando no sabes cómo hacer algo, tu cerebro te convencerá que no vale la pena hacerlo"

Las chicas del bar estaban conversando entre ellas y bailaban las unas con las otras lo que hacía casi imposible que alguien que no supiera bailar conectara con ellas y entablara una buena conversación.

¿Cómo puedo unirme a su celebración sin saber bailar? ¿Cómo llamar su atención si están tan entretenidas conversando entre ellas?

Aparentemente para mi amigo no era nada difícil, pero para mi en ese entonces sí.

Entonces prefería pensar: “estoy cansado”, “no creo que me lleve bien con ellas”, “ya es tarde y mañana tengo que trabajar temprano”, “¿para qué conocer mas gente?”

… “no vale la pena”.

“Mejor me voy a descansar”, “mejor hubiera ido a otro lugar”, “mejor aprovecho mi tiempo trabajando”.

La verdad es que era un buen lugar, tenía buena compañía y era el momento adecuado. El problema era que no sabía cómo bailar, no sabia cómo conectar con el grupo.

Este “no saber” convencía a mi mente que no valía la pena siquiera hacer el esfuerzo.

¿Sabes lo que esto implica para mí y para ti?

Si aún no has reconocido la lección en esta historia piensa en esto:

Mientras más difícil se nos hace algo, menos lo disfrutamos y, mientras menos lo disfrutamos, menos querremos hacerlo (y por ende no conseguiremos el resultado).

O, puesto de otra manera:

Nos querremos alejar de las cosas, situaciones, objetivos o actividades que no sepamos cómo realizar… aún cuando sean necesarias o importantes para nosotros.

De cierta forma esto es… peligroso.

Pregúntate esto:

¿Cuántas oportunidades en tu vida has podido desaprovechar porque no eras bueno(a) en ellas y has utilizado la excusa de que “no valía la pena” o “no las disfrutabas” o “eso no es era para ti”?

¿Cuántos proyectos has dejado de lado porque “ya no te apasionan”?

¿Y qué si aún te apasionaban pero el “no saber qué hacer”, la falta de capacidad o el “sentirte estancado” eliminaba tu deseo por ellos?

¿Qué tal si cuando dices “no me gusta” lo que realmente estás diciendo es “no sé cómo hacerlo”?

¿Te atreverías a aceptar que tú, al igual que yo, no lo sabemos todo?

Cuánto mas podrías lograr y disfrutar si lo hicieras y en lugar de alejarte de aquello que no sabes te detuvieras a pensar:

“¿Cómo puedo ser más capaz? ¿cómo puedo mejorar para pasar de no saber a saber y de no poder a poder?”

Tal vez la pasión no se encuentra, se crea.

Tal vez la pasión sea producto de ser extramedamente bueno en lo que haces.

Tal vez las personas no encuentran su pasión porque cuando algo les parece difícil desisten creyendo que “no les apasiona”, perdiendo así la oportunidad de mejorar, crecer, progresar.

Tal vez si reconocieras esto y en lugar de correrte de los proyectos, objetivos y actividades que te ponen incómoda(o), que te exigen, que te obligan a saber mas, que te exponen al “peligro” del fracaso, que rosa las líneas de lo desconocido y que requiere de más de lo que hoy eres…

Tal vez los aceptarías, buscarías formas de superar esas barreras, solucionar esos problemas y entonces encontrarías esa pasión en lo que haces y disfrutarías más de tu vida en estos momentos en lugar de perseguir un sueño que nunca llega.

Tal vez entonces aceptarías mas oportunidades y te quedarías hasta que pudieras realmente aprovecharlas y no desistieras a la mitad del camino porque “ya no te gustan”.

Aceptarías entonces que aún te importa ese proyecto, esa meta, esa situación, esa actividad es solo que, por el momento no sabes cómo hacerla bien.

Y sería esa aceptación la que te permitiría crecer como persona y como profesional. Y sería esa misma aceptación la que te permitirá conseguir lo que realmente importa en tu vida porque desistir no es una opción.


Luego de unos minutos guardé el celular y pensé:

“Sí quiero disfrutar esta noche, sí quiero quedarme hasta tarde, sí quiero conocer a estas personas.”

Y entonces me di cuenta que aunque no fuera un experto bailando, podía intentarlo, podía sonreír, y podía encontrar el momento adecuado para empezar una conversación con alguna pregunta interesante.

Y así lo hice.

No te diré que fue la noche más divertida de mi vida, pero la pasé muy bien.

Me reí, baile, conversé, hice nuevos amigos y, lo más importante, pude aprende la lección que hoy comparto contigo:

Cuando creas que algo no te interesa, ya dejó de “apasionarte” o “no es para ti” pregúntate:

“Si supiera cómo hacerlo y fuera un experto en esto, ¿disfrutaría de hacerlo, tenerlo o conseguirlo?”

Si la respuesta honesta es “no”, perfecto… desiste.

Pero si la respuesta es “sí”, entonces enfócate en ser mejor en lugar de alejarte de ello solo porque “no lo disfrutas”.

Implementa este concepto en tu vida y descubrirás cosas sobre ti que no conocías y podrás aprovechar aquellas oportunidades que antes dejabas de lado.

Un abrazo.

Nelson.

Artículo original en: http://nelsonportugal.com/

Servir a la humanidad es la mejor obra de una vida

¿Es posible hacerse rico dando? Voluntarios de aquí y de allá nos comparten sus reflexiones acerca de una pregunta: ¿En qué manera el voluntariado te enriqueció cómo persona, qué te enseñó?
Cada una de sus experiencias les tocaron en una forma especial. Les pedimos que nos las compartan para que más sean los que se animen a ‘enriquecer’ y a ‘enriquecerse’.
El voluntariado marco un antes y un después en mi vida y soy un incansable promotor de este estilo de vida. Todos nacimos para cumplir un destino particular y dejar una huella.
Cuando era muy chico, mis padres fundaron una ONG en mi casa para ayudar de diversas formas a la gente de la villa, hoy un barrio aún humilde y no muy bien visto. La verdad es que colabaraba pero nunca me había involucrado demasiado, era algo de ellos.
Al inicio de la secundaria empecé a participar como misionero y catequista; ya más adolescente participe en una intervención social con un par de compañeros de la secundaria que me invitaron para ayudar a un barrio marginal de la ciudad. Por esos entonces comenzaba a participar en el centro de estudiantes y comenzaron a despertarse varios intereses desconocidos para mí, a leer más, a capacitarme, agruparme, idear actividades y proyectos. Finalizada la secundaria comencé de inmediato a trabajar y arranque mi actual carrera, pero en los primeros meses de facultad, me diagnosticaron cáncer y todo cambio.
No puedo decir que haya sido un proceso fácil, pero en ese año aprendí muchas cosas, aprendí de mí mismo, empecé a escuchar y a ver de otra manera. Retomar la rutina no fue fácil, pero enseguida comencé con mis ideas voladas, proyectando nuevos emprendimientos, soñando con ir al primer mundo para participar de un programa empresarial. Y aprendí también que las cosas no siempre se dan como esperamos, que los grandes nos subestiman más que nosotros mismos y pensé que quizás debía volver a lo mismo. Un día alguien que me dio varias oportunidades me dijo que en la provincia vecina había un grupo de chicos con ideas locas como las mías y como siempre fui curioso decidí leer y me gusto.
Juan Escobar
Juan Escobar
Poco a poco fui conociendo JCI (Junior Chamber International), me vi rodeado de jóvenes con quienes compartía más que solo ganas o entusiasmo, compartía ideales, valores, ganas de hacer. Comprendí que nadie más que uno se hace de los caminos, abre puertas y encuentra oportunidades, y que junto a otros, esto se potenciaba. Quería ser un agente de cambios positivos y ser aunque más no sea, un eslabón para ayudar otros jóvenes a conseguir oportunidades de desarrollo que les permita ser actores fundamentales del presente, ser protagonistas de cambios.
Cambios para adentro y para afuera. Por un lado, tuve la posibilidad de conocer amigos, de viajar, de profesionalizarme, de crear redes de contactos, de capacitarme, de desarrollar mis potenciales, de ocupar cargos, de descubrir más y nuevas cosas, dejando de lado varias cosas sobre todo el papel de expectante desde el sillón de la casa, pero fundamentalmente aprendiendo en el hacer y siendo consecuente con lo que pensaba, con lo que creía, con valores y principios fundamentales.
Poco a poco fui buscando la forma de saciar ese hambre por hacer, por sumar mi granito de arena. Conocí y en diferentes oportunidades me sume a varias organizaciones como Rotaract;  Chaqueños hasta la médulaTechoAiesecRed Ser Fiscal y TEDx.
¿Por qué yo? ¿Qué puedo hacer yo? ¿Qué estoy haciendo? Muchos me cuestionaron el por qué, por qué gasto tiempo, esfuerzo, dinero si nadie me paga. A veces no entienden que obtenemos riquezas invaluables que resguardamos en nuestro interior y nos hace ser mejores, mejores ciudadanos, mejores estudiantes, padres, hijos, trabajadores, mejores personas. 
Mediante el voluntariado, podemos encontrar el poder de transformar nuestras pasiones en acciones, y trascender de nosotros mismos para unir sonrisas, esfuerzos, compromiso, entusiasmo, desafíos, problemas y soluciones con quienes entienden que quizás nuestras acciones por más pequeñas cuentan, y aunque grandes y significativas muchas veces no van a implicar que veamos resultados palpables hoy, pero que seguramente tendrán un impacto mayor en el futuro.
Y así como debemos ponernos de pie por todo lo correcto también debemos ir contra de aquello que necesita cambiar. Todo intento vale, creo que tenemos la responsabilidad social individual de involucrarnos. Saber que algo está mal, saber que podemos hacer algo para ayudar a cambiar eso y no hacerlo, nos convierte en cómplices de los responsables directos.
No dejemos de cuestionarnos cómo cada uno podemos marcar la diferencia, empezando por hacernos cargo de la hora y el momento que nos tocó vivir, dejando de lado la creencia de que por ser jóvenes merecemos algún trato preferencial; pero sí nos debemos el poder de ciudadanos libres para liderar. Espero que cada vez seamos más los que traduzcamos nuestras voluntades en acciones  y nos atrevamos a actuar. Súmense y corran la voz, “servir a la humanidad es la mejor obra de una vida”. 
 Fuente: Idealistas.org

La última libertad


[...
«No puede imaginar lo que me ha ocurrido»  —dijo—. «Trabajo como enfermera para el hombre más miserable e ingrato que pueda imaginarse. Nada de lo que haga es suficiente para él. Nunca lo aprecia, ni siquiera me lo reconoce. Constantemente me acosa y encuentra defectos en todo lo que hago. Por culpa de este hombre mi vida es desgraciada y a me nudo descargo mi frustración sobre mi familia. Las otras enfermeras sienten lo mismo. Casi rezamos para que lo echen.

Y usted tuvo el descaro de plantarse allí y decir que nada puede herirme, que nadie puede herirme sin mi consentimiento, y que yo elijo mi propia vida emocional de infelicidad... Bien, en modo alguno podía yo aceptar esa idea.

Pero seguí pensando sobre ello. Realicé una verdadera introspección, y empecé a preguntarme: ¿Tengo el poder de elegir mi respuesta?

Cuando por fin comprendí que  en realidad tengo ese poder, cuando me tragué esa amarga  píldora y comprendí que yo había elegido ser desgraciada, también comprendí que podía elegir no serlo.
»En ese momento me puse de pie. Me sentía como si me estuvieran dejando salir de San Quintín. Quería gritarle a todo el mundo: "¡Soy libre! ¡Salgo de la cárcel! ¡Nunca más voy a dejarme controlar por el trato que me dispense otra persona!".»

Lo que nos hiere o daña no es lo que nos sucede, sino nuestra respuesta a lo que nos sucede. Desde luego,  las cosas pueden dañarnos físicamente o perjudicarnos económicamente, y producirnos dolor por ello.

Pero nuestro carácter, nuestra identidad básica, en modo alguno tiene que quedar herida. De hecho, nuestras experiencias más difíciles se convierten en los crisoles donde se moldea nuestro carácter y se desarrollan las fuerzas internas, la libertad para abordar circunstancias difíciles en el futuro y para inspirar a otros la misma conducta.
...]

Fragmento del libro "7 hábitos de la gente altamente efectiva" de Steven Covey.

Léenos también en Tumblr: http://bit.ly/1LrhWwA

¡Entonces, dilo! [Historia por el dia del padre]


Una  noche,  tras  haber  terminado  uno  de  los  cientos  de  libros  para  padres  y madres  que  he  leído,  me  sentía  un  poco  culpable  porque  el  libro  describía algunas estrategias  de  conducta  que  yo  no  usaba  desde  hacía  tiempo.
La principal era hablar con tu hijo y, al hacerlo, usar ese par de palabras mágicas que  son  «Te quiero».

En  el  libro  se  insistía,  una  y otra  vez,  en  que  los  niños necesitan saber que sus padres los aman, inequívocae incondicionalmente.

Subí  entonces  al  dormitorio  de  mi  hijo  y  llamé  a  la puerta.  Mientras golpeaba, lo único que se podía oír era su batería.Seguro que estaba, pero no me  respondía.  Entonces  abrí  la  puerta  y  ahí  estaba, lo  encontré,  con  los auriculares  puestos,  escuchando  una  cinta  y  tocando la  batería.  Tras  haber conseguido  que  advirtiera  mi  presencia,  le  pregunté si  disponía  de  un momento.
—Claro que sí, papá —me dijo—. Para ti, siempre.
Nos  sentamos  y,  pasados  unos  quince  minutos  de  charla  insustancial  y vacilante, lo miré y le dije:
—Tim, realmente me encanta tu forma de tocar la batería.
—Oh, gracias, papá —respondió—. De veras te lo agradezco.

Me fui, diciéndole que ya nos veríamos y, mientras bajaba la escalera, me di cuenta de que había subido para darle un mensaje que finalmente no le había transmitido.  Sentía  que  era  realmente  importante  volver  arriba  y  tener  otra oportunidad de decirle ese par de palabras mágicas. Volví a subir las escaleras, llamé a Ja puerta y la abrí.

—¿Tienes un segundo, Tim?
—Claro, papá. Siempre tengo un segundo para ti. ¿Qué necesitas?
—Hijo,  la  primera  vez  que  subí  para  compartir  un  mensaje  contigo,  me salió  algo  muy  diferente,  que  en  realidad  no  era  lo que  te  quería  decir.  Tim, ¿recuerdas que tuve muchos problemas para enseñartea conducir? Te escribía tres palabras y te deslizaba el papel debajo de la almohada, con la esperanza de que aquello fuera una solución. He cumplido mi papel de padre y expresado el amor que siento por mi hijo.

—Finalmente, tras algunos rodeos y tonterías más, lo miré y le dije:
—Lo que quería que supieras es que te queremos. Me miró y me dijo:
—Oh, gracias, papá. ¿Te refieres a mamá y a ti?
—Sí, a los dos, pero es que no lo expresamos bastante.
—Gracias, esto significa mucho para mí. Sé que me queréis.

Me  di  la  vuelta  y  salí,  pero  mientras  bajaba  la  escalera  empecé  a  pensar: «Resulta  increíble...  Ya  he  subido  dos  veces...  sé  cuál  es  el  mensaje  y,  sin embargo, lo que le digo es otra cosa».

Decidí volver a subir inmediatamente para explicarle exactamente cómo me sentía. Quería que lo oyera directamente de mí, ¡y  no me importa que mida un metro ochenta! Volví a subir y llamé a la puerta:

—¡Espera un momento! ¡No me digas quién eres! ¿Es posible que seas tú, papá?
—¿Cómo lo sabes? —pregunté, y él me respondió:
—Porque te conozco desde que eres padre, papá.
—Hijo, ¿tienes un segundo? —le pregunté entonces.
—Tú sabes que sí, de modo que entra. Me imagino queno me dijiste lo que querías decirme.
—¿Cómo lo sabes? —me asombré.
—Te conozco desde que me ponías los pañales.
—Bueno,  pues  es  eso,  Tim,  lo  que  me  he  estado  guardando.  Sólo  quería expresarte lo especial que eres para nuestra familia. No se trata de lo que hagas, ni de lo que hayas hecho, como todas las cosas que haces con el grupo de niños
con los que trabajas en el centro. Es por lo que eres tú como persona. Te quiero y quería que supieras que te quiero, y no sé por qué me privo de decirte algo tan importante.

Me miró y me dijo:
—Vamos,  papá,  ya  sé  que  es  así,  y  realmente  es  muy  importante  oírtelo decir.  Te  agradezco  mucho  tus  palabras  y  la  intención  con  que  las  dices  —y mientras yo me iba ya hacia la puerta, me preguntó si todavía tenía un segundo.

Yo empecé a pensar «Oh, no. ¿Qué será lo que quiere decirme ahora?», pero le dije:
—Claro que sí. Tú sabes que siempre estoy dispuesto a oírte.
No sé de dónde sacan los chicos estas cosas... seguro que no puede ser de sus padres, pero me dijo:
—¿De qué se trata? —pregunté, y él me miró y dijo:
—¿Has estado yendo a algún grupo de reflexión o algo parecido?

Aunque lo que yo estaba pensando era: «Oh, Dios, como cualquier chico de dieciocho ya me ha alcanzado», admití:
—No, pero he estado leyendo un libro que decía lo importante que es que uno les diga a sus hijos lo que realmente siente por ellos.
—Te agradezco que lo hayas hecho. Ya tendremos tiempo de seguir con el tema.
Creo  que  lo  que  me  enseñó  Tim  esa  noche  es,  fundamentalmente,  que  la única manera que tienes de entender el verdadero significado y propósito del amor es estar dispuesto a pagar el precio. Tienes que animarte a salir ahí fuera y
a correr el riesgo de compartirlo.

>> Gene Bedley en"Sopa de pollo para el alma"

La interdimensionalidad del amor en la ciencia


Cuando era niño, soñaba con viajar a las estrellas y mirar de cerca la inmensa tormenta (del tamaño de la tierra) de Júpiter. Tocar los anillos de Saturno que veía en fotos de una enciclopedia.  Y a medida que íba creciendo, me fascinó la idea de saber que hay dentro de un agujero negro o ver una supernova de 'cerca'. Saber si realmente existen los agujeros de gusano y si es así, atravesar una. Todos estas joyas que seguramente fascino alguna vez a todos de niño.
Y ahora, años después me encuentro con esta joya en el cine para recordarme sobre lo que un día fui y hacerme pensar en qué me pasó. Pero ese es otro tema.

Luego de mucho tiempo pude ver hoy una película que me impactó tanto que hizo de excusa para hacer esta entrada. Me refiero a Interstellar y he aquí algunas cosas que saqué del mismo.

En la película se plantea el viaje intergaláctico (viaje de una galaxia a otra) a través de agujeros de gusano. Y toca también el concepto de que existen dimensiones superiores a las de tres. Y algo más (y lo que más resalto) la trascendencia del amor en todas las dimensiones.

Relaciono esto con Dios inevitablemente porque en algún párrafo de la biblia leí que Dios es amor. Y al ser el Dios omnipresente (que está presente en todas partes) me recordó al concepto que se tiene del Dios de Jacob y que tiene mucho sentido.
El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. (1 Juan 4:8 )
En la biblia se plantea que Dios todo lo ve, que Dios todo lo sabe, que Dios esta en todas partes. Y al ser Dios Amor. El Amor todo lo ve, el Amor todo lo sabe, El amor esta en todas partes.

Entonces: "El amor es la única fuerza que trasciende las dimensiones del espacio y del tiempo", frase que comenta Amelie Brand (Anne Hathaway) en la película Interstellar  tiene sentido

Quizá entender a Dios con la lógica y la razón no sea posible. Puesto que él (Dios) no se presenta por la puerta de la razón, sino por la del corazón. Pero entender que la omnipresencia del amor, algo que trasciende dimensiones; explica muy bien la coexistencia de Dios y la ciencia.

Hoy en día existen varias teorías que intentan unificar en una sola teoría (Teoría del todo) todos los fenómenos físicos conocidos. ¿Y cuál es la importancia de unificarlo todo?

Aquí cito a Pierre-Simon Laplace.
Se podría concebir un intelecto que en cualquier momento dado conociera todas las fuerzas que animan la naturaleza y las posiciones de los seres que la componen; si este intelecto fuera lo suficientemente vasto como para someter los datos a análisis, podría condensar en una simple fórmula el movimiento de los grandes cuerpos del universo y del átomo más ligero; para tal intelecto nada podría ser incierto y el futuro así como el pasado estarían frente a sus ojos.
Con dicha ecuación se podría entender TODO. Desde las partículas más pequeñas hasta las galaxias. Serían explicadas todas las grandes preguntas que el hombre siempre se ha azotado (Origen del universo, viajes en el tiempo y similares). De ahí su importancia. Y ahí es donde entra el amor en la película. Dándole el verdadero valor que realmente tiene.

Solo debo añadir que disfruté a pleno el ver esta película y la recomiendo. Y si me permiten sugerirles algo: Sería que pidan unas clases básicas a algún amigo sobre conceptos relacionados con agujeros negros, singularidad, dimensiones y similares antes de ver la película. Así lee será más fácil entenderlo y el disfrute del mismo será mejor.

Hasta una próxima entrada.

- Daniel Isaac.

UN CUENTO PARA EL DIA DEL SAN VALENTIN



Larry y Jo Ann eran un matrimonio corriente. Vivíanen una casa cualquiera, en una calle como todas. Como cualquier otro matrimonio común, luchaban para llegar a fin de mes y para dar a sus hijos todo lo necesario.

También eran como todos en otro sentido: se peleaban. Gran parte de sus charlas se referían a lo que no iba bien en su matrimonio y a cuál de los dos era el culpable.
Hasta que un día sucedió algo extraordinario.

—Fíjate  Jo  Ann,  tengo  una  cómoda  mágica,  increíble. Cada  vez  que  abro algún  cajón  está  lleno  de  calcetines  o  de  ropa  interior  —dijo  Larry—.  Quiero agradecerte que los hayas estado llenando durante todos estos años.
Jo Ann se lo quedó mirando por encima de las gafas.
—¿Qué es lo que quieres, Larry?
—Nada. Sólo que sepas que te doy las gracias por estos cajones mágicos.
Como aquella no era la primera vez que Larry le salía con algo raro, Jo Ann olvidó el incidente hasta pasados algunos días.
—Jo Ann, gracias por haber anotado tan correctamente los números en el libro  de  gastos  este  mes.  Las  dieciséis  anotaciones son  correctas: es  todo  un récord.

Sin poder dar crédito a sus oídos, Jo Ann levantó los ojos del calcetín que estaba zurciendo.
—Larry, si siempre te estás quejando de que anoto mal los números, ¿por qué ahora no lo haces?
—Porque sí. Sólo quería que supieras que me doy cuenta del esfuerzo que estás haciendo.

Jo  Ann  sacudió  la  cabeza  y  siguió  con  sus  remiendos.  Para  sus  adentros, masculló:
—¿Qué le estará pasando?

Sin embargo, al día siguiente, cuando Jo Ann hizo un cheque en la tienda, se fijó para asegurarse de que había anotado bien el número del cheque.
—¿Por  qué  de  pronto  les  estoy  dando  importancia  a  estos  estúpidos números? —se preguntó.

Trató  de  no  hacer  caso  del  incidente,  pero  el  extraño  comportamiento  de Larry se intensificó.
—Jo Ann, la cena ha sido estupenda —le dijo una noche—. Te agradezco el esfuerzo. Vaya, si calculo que en los últimos quince años habrás preparado más de catorce mil comidas para mí y para los niños...

Otra vez fue:
—Jo  Ann,  la  casa  parece  un  espejo.  Debes  de  haber  trabajado  muchísimo para que tenga tan buen aspecto.
Y hasta:
—Jo Ann, te agradezco que seas como eres. Realmente, me da mucho placer tu compañía.
Jo Ann estaba empezando a preocuparse. Se preguntaba qué se había hecho de los sarcasmos y de las críticas.

Sus  temores  de  que  a  su  marido  le  estaba  pasando  algo  raro  se  vieron confirmados por la queja de Shelly, su hija de dieciséis años, que le comentó:
—Mamá, papá se ha vuelto loco. Acaba de decirme queestaba guapa con todo este maquillaje y esta ropa de estar por casa. No es propio de él. ¿Qué es lo que le pasa?
Fuera lo que fuere lo que le pasara, Larry no cambiaba. Casi todos los días seguía haciendo algún comentario positivo.

Pasadas  varias  semanas,  Jo  Ann  se  fue  acostumbrando al  extraño comportamiento  de  su  marido,  e  incluso  alguna  vez  se  lo  recompensó,  a regañadientes,  con  un  escueto  «Gracias».  Se  sentía  orgullosa  de  ir manteniéndose a la altura de las circunstancias, hasta que un día sucedió algo tan raro que la desorientó por completo:

—Como quiero que te tomes un descanso —anunció Larry—, voy a fregar yo los platos, así que hazme el favor de dejar esa sartén y sal de la cocina.

Después de una larguísima pausa Jo Ann contestó:
—Gracias, Larry. ¡Te lo agradezco muchísimo!

Ahora el paso de Jo Ann era un poco más ligero, su confianza en sí misma iba en aumento e incluso, alguna vez, canturreaba por lo bajo. Además, parecía que  ya  no  tenía  tantos  ataques  de  melancolía.  «Me  gusta  bastante  la  nueva forma de comportarse de Larry», pensaba para sus adentros.

Aquí  se  acabaría  el  cuento,  de  no  ser  porque  un  día sucedió  otro acontecimiento de lo más extraordinario. Esta vez, quien habló fue Jo Ann:

—Larry  —dijo—,  quiero  agradecerte  que  durante  todos estos  años  hayas ido  a  trabajar  para  que  a  nosotros  no  nos  falte  nada.  Y  creo  que  nunca  te  he expresado todo mi agradecimiento.

Larry  jamás  ha  revelado  las  razones  de  su  espectacular  cambio  de comportamiento,  por  más  que  Jo  Ann  se  ha  esforzado  en  obtener  de  él  respuesta,  de  modo  que  éste  seguirá  siendo,  probablemente,  uno  de  los misterios de la vida. Pero es un misterio con el que me encanta convivir.

Porque, ya veis... yo soy Jo Ann.

Jo Ann Larsen

Desert News

Recopilado por : 'Sopa de pollo para el alma'